Que Viva la Montaña

El Tabor

ANTECEDENTES:

La oportunidad para el desarrollo de un proyecto de reubicación, se presenta en una comunidad campesina de la cuenca del río Guabas, municipio de Ginebra (V), en Diciembre de 1999, con una avalancha de este río, que sepultó una familia de 4 miembros y dejó damnificadas 100 familias, ubicadas en sus riveras.

El acercamiento fue en torno a su tragedia y como estas familias podrían resolver esta situación, se conversó con varias familias damnificadas y la solución común en todas ellas era una reubicación, pero en su territorio rural, las soluciones propuestas por la alcaldía, de ser reubicadas en zona urbana, en espacios reducidos, no satisfacía sus necesidades y su vocación campesina, al contrario esto significaba para muchos un deterioro de su calidad de vida y de su seguridad familiar.

Se inició con un censo y un diagnóstico de cada familia damnificada, para conocer su composición, ingresos, nutrición, nivel de educación, estado de la vivienda, sanidad, servicios públicos, voluntad para reubicarse y como debía ser esa reubicación.

Del diagnóstico se saca un perfil de las familias damnificadas, todas en alto riesgo, viviendas precarias, pobreza generalizada, la mayoría analfabetas, y solo 2 persona con nivel de educación secundaria, bajos ingresos, mala higiene a excepción de unas 5 familias, las demás querían una reubicación en su territorio, con vivienda segura y una parcela para su trabajo y seguridad alimentaria.   

A partir de este diagnóstico la fundación Vital, formuló un proyecto para cooperación internacional, con 3 objetivos:

1) Vivienda para 50 familias, acorde a su cultura y al lugar

2) Seguridad alimentaria

3) Organización comunitaria

El proyecto fue respaldado por la Agencia de Cooperación Internacional de España, OCSI, como ONG local intermediaria, como responsable del proyecto, Fundación Vital,  para la consecución de tierras: INCORA y alcaldía de Ginebra, saneamiento básico y agua con CVC y el fondo para la acción ambiental de E. U. asistencia técnica y capacitación para la seguridad alimentaria y productividad de las parcelas con el SENA y Federación de Cafeteros, guardería infantil y alimentación de niños con ICBF, la gobernación del Valle apoyó al final para el acabado de las viviendas.

La situación local y nacional a nivel político y social era lo más preocupante, lo local por la comunidad y su territorio en un agudo conflicto de orden público, el nacional por la transición de gobierno, ruptura de diálogos con la guerrilla, recrudecimiento de la violencia paramilitar y cambio de gobierno y de políticas en relación con el manejo del conflicto interno.

La comunidad campesina está muy desatendida por el estado, su presencia se ejerce por la acción de políticos tradicionales clientelistas, que obstaculizan y tergiversan la participación comunitaria, degradando el ejercicio de un liderazgo constructivo y proactivo en una comunidad circunscrita a un territorio, este fue el primer escollo que encontró la fundación Vital, para la realización del proyecto de reubicación, por la desconfianza y el temor que suscita en la comunidad la presencia de persona extrañas a su entorno.

A nivel local la colaboración gremial del sector agrícola, representado por la asociación de usuarios del río Guabas (ASOGUABAS), que apoyaron económicamente e institucionalmente para el proceso de diagnóstico y formulación del proyecto “Que Viva la Montaña”, fue fundamental en la consolidación de confianza en el territorio entre la Fundación Vital responsables del proyecto, comunidad local e instituciones.

El mayor riesgo para el éxito o fracaso del proyecto, lo representaban  los actores del conflicto, por su presencia en el territorio, guerrilla en la zona alta de la montaña de Ginebra y paramilitares en el pie de monte y en alguna zona plana del municipio, asumir una gran prudencia fue la estrategia, en los diálogos, en el discurso con la comunidad y con las personas del lugar, asumiendo siempre una posición pacifica en la resolución de conflictos, un desacuerdo con la guerra y con sus diferentes actores legales o ilegales. Esta actitud significó una gran tranquilidad para el desarrollo del proyecto, aun habiendo presencia de ambos actores de forma directa y mimetizada, durante la ejecución del mismo.

 

En el caso de la reubicación de las 50 familias campesinas, con el proyecto “Que Viva la Montaña”, significo abordar una realidad, de una problemática social, en la integralidad de su complejidad, abordando, la realidad social, desde lo individual para cada caso personal del beneficiario del proyecto, hasta las dificultades presentes en la realidad política y social del país que se reflejaban a nivel local, en lo ambiental desde una conciencia de cada persona inmersa en el proyecto, frente a la naturaleza, hasta las instituciones que regulan el territorio, en lo económico desde una dignificación personal de los beneficiarios, hasta un proyecto productivo colectivo, inmerso en una economía de mercado. Son múltiples las realidades que se debieron abordar, pero el dimensionarlas en una visión holística, comprendiendo que la transformación de una problemática presente, asumiendo un proceso, en el que todos los actores que se comprometieron con el proyecto estaban inmersos, permitió que se diera de una manera espontánea la transdisciplinariedad

La transdisciplinaridad es posible si se  aborda y se interactúa con una realidad social, para hacerla objeto de cambio, no a partir de una interpretación parcial, fragmentada y muchas veces subjetiva en su expresión material, para cuantificarla en indicadores, metas, resultados, que sirven de referentes pero que no son la expresión de toda una realidad. Las carencias materiales no debe ser lo único que se transforme, en la búsqueda de un bienestar individual o colectivo, los mayores significados y logros son los que se representan en los cambios cualitativos positivos de esa comunidad y de sus individuos.

Desconocer una realidad subjetiva, que expresa una forma de ser un individuo y el de la  comunidad, implica descontextualizarse de una realidad total, simplificarla, y abordarla desde la superficialidad de sus apariencias, con el riesgo de los fracasos o de simplemente quedarse en los indicadores fríos de las estadísticas, los mayores logros son producto de la comprensión del ser de ese individuo y del ser de esa colectividad.  Comprender una realidad social, bien sea de un individuo o de una comunidad, en la integralidad de su expresión, para interactuar en un proceso comunitario, simplemente es tener una panorámica más rica en elementos, que coadyuven a mayores resultados y a la consolidación de procesos sociales.

Las mayores miserias en la mayoría de los casos y en todo escenario social, no son las materiales, son las carencias espirituales que hacen que un individuo o una colectividad, no actué en la construcción proactiva de su realidad individual o social y por el contrario asuma posiciones, pasivas, degradantes, denigrantes, que se traducen en acciones destructivas y conflictivas que menoscaban su entorno social, económico y ambiental.     

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